Casi veinte años lleva Tahra en la brecha, reivindicando y publicando el importante y maltrecho legado discográfico de Hermann Scherchen. En 2011 se cumplieron 120 años del nacimiento del director alemán y, para conmemorar la efeméride, el sello de su hija Myriam ha publicado el álbum doble que aquí se comenta, con grabaciones en concierto del periodo 1945-65, geografía dispersa y orquestas insólitas. Dada la procedencia y cronología diversas, el sonido es, lógicamente, de calidad variable, pero bastante aceptable incluso en los registros más antiguos. Salvo error, todo el material es inédito. Pese a la apariencia insoslayable de improvisado cajón de sastre, de “Sobras completas”, el álbum tiene un interés notable, pues recoge compositores u obras poco o nada representados en la discografía de Scherchen, y la calidad artística es consistentemente alta.
En el delicioso Rondó para violín y orquesta D. 438 de Schubert, acompaña con solidez a la excelente y para mí desconocida Lore Spoerri, de entonación firme y hermoso sonido. La empatía de Scherchen con el mundo sonoro impresionista es patente en la colorista versión de Ma mère l’Oye, en la que forcejea con éxito con una orquesta propensa al trazo grueso (bellísimo y conmovedor Le jardin féerique) y en el mágico Jeux debussyano. Resulta gratificante escuchar la Música acuática de Handel con un buen caudal sonoro, y no el chorrito hoy en boga, por no hablar de la infalible musicalidad de Scherchen. Un superviviente de Varsovia, la acongojante miniatura de Schoenberg (inquietante el narrador Hans Olaf Heidenmann) y la infrecuente cantata beethoveniana El momento glorioso op. 136, con participación del gran Dietrich Fischer-Dieskau, son palabras mayores y las joyas del álbum. El breve fragmento de Don Giovanni (en alemán), con estupendo reparto, hace desear que se conserve y publique la grabación completa.
Miguel Ángel González Barrio