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QUERSTAND | ROMANTICA Y NACIONALISTA | SINFONICA (1 SACD)

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Anton Bruckner
Sinfonía nº 3


REF.: VKJK 1017
EAN 13: 4025796010176



FECHA DE PUBLICACIÓN
23/02/2012

INTÉRPRETES
Gewandhausorchester Leipzig
Herbert Blomstedt, director


CONTENIDO

Anton Bruckner (1824-1896):

Sinfonía nº 3 en re menor (versión original de 1873)
1. Gemäßigt, misterioso
2. Adagio. Feierlich
3. Scherzo. Ziemlich schnell
4. Finale. Allegro

1 SACD - DDD - 60'


RESEÑA (DIVERDI) Y PRENSA

La espléndida integral Bruckner de Herbert Blomstedt y la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig en el sello Querstand prosigue a paso lento, demasiado lento. Con esta Tercera, registrada en concierto los días 23 y 24 de septiembre de 2010, son ya cinco las sinfonías publicadas. Previamente lo fueron Octava (2006), Séptima (2007), Sexta (2009, ver boletín nº187, diciembre 2009) y Quinta (2010, ver boletín nº 200, de febrero de 2011). Los días 8 y 9 de marzo Blomstedt dirigirá en la histórica Gro?er Saal de la capital sajona la Segunda, pero no parece que el plan previsto de lanzar la integral en julio de 2012 para conmemorar el 85º cumpleaños del veterano director, titular de la orquesta entre 1998 y 2005, pueda ya cumplirse.

Desde que hay constancia fonográfica (1998), Blomstedt se ha mantenido fiel a la versión original (1873) de la Sinfonía “Wagner”, dedicada “al inalcanzable y célebre noble maestro de la poesía y de la música”, que vio la luz tardíamente, en 1977. Es curioso constatar cómo la práctica musical no es ajena a las modas. Los grandes brucknerianos del pasado siglo mostraron su apego por la segunda revisión de 1889 (editada por Nowak en 1959), que dejaba la obra en 1644 compases de los 2056 iniciales (en su versión original es la obra más larga de Bruckner, y no me refiero a duración sino a número de compases), un recorte del 20% que eliminaba la práctica totalidad de las citas wagnerianas (sólo sobrevivió la del Adagio). Lo que más sufrió fue el Finale, que de 764 compases pasó a solo 495. Se suponía que era la última palabra del maestro, el destilado definitivo. Fue la partitura que utilizaron Böhm, Jochum, Karajan, Celibidache o Wand. El testarudo Knappertsbusch seguía llevando bajo el brazo la edición Rättig de 1890, con los cambios de última hora de Franz Schalk. No sólo él: ¡también Szell y Schuricht! En los años 70, Deryck Cooke (The Bruckner problem simplified, The Musical Newsletter, 1975) abogó por la primera revisión de 1877, que según él había llevado la obra a su máxima perfección. Esta partitura, en sus ediciones Oeser (1950) o Nowak (1981, con la Coda del Scherzo), fue favorecida por Horenstein, Haitink, Kubelik, von Matacic, Barenboim, Solti o Sinopoli. Si dejamos a un lado los esfuerzos pioneros de Inbal (1982) o Rozhdestvensky (1988), en los últimos años hay una abrumadora preferencia por la versión original, la elegida por Tintner (Naxos, 1998), Nott (Tudor, 2002), Nagano (Harmonia Mundi, 2003), Bosch (Coviello, 2006), Young (Oehms, 2006), Norrington (Hänssler, 2007; también en su discutida aproximación “historicoide” con los London Classical Players para EMI/Virgin, 1995) y ahora Blomstedt.

Debo confesar que siempre he preferido la versión de 1889… hasta escuchar este registro de Blomstedt. El ultraobjetivo director sueco-estadounidense apuesta por los tiempos rápidos (la duración total es similar a Norrington II; con 5 minutos menos, Botstein y Norrington I ostentan ex aequo el dudoso record de velocidad), la transparencia de planos, la belleza sonora y la fidelidad a la letra y realiza una lectura rigurosa, coherente, de una lógica aplastante. En su versión original y en manos de Blomstedt, la Tercera suena mucho más lírica que en la épica segunda revisión. Un lirismo de ley y algo contenido, nada almibarado o autocomplaciente. Blomstedt, y en esto me recuerda mucho a Böhm y Keilberth, se aparta a un lado, renuncia a interpretar, “limitándose” a recrear literalmente la partitura con voluntad inflexible. ¡Qué difícil es hacer esto, más aun hacerlo bien, de manera tan convincente! La aparente austeridad interpretativa se ve compensada con creces por la irresistible belleza del sonido de la Orquesta de la Gewandhaus, de cuerda luminosa, maderas de seda y metal impecable (y bien embridado por la batuta), la patente firmeza de carácter y la sabiduría práctica del veterano director. Tiempos, dinámicas y balances se antojan perfectos. Blomstedt no se recrea en hallazgos aislados, en esa originalidad tan en boga consistente en resaltar con el microscopio este o aquel detalle. Despliega un tapiz sonoro de colores uniformes, bien mezclados (la orquesta de Blomstedt funciona como un superinstrumento, con todos los timbres perfectamente integrados, empastados). Tampoco destaca ritmos, como el omnipresente latido propulsor de la cuerda grave o el rústico Ländler en el Trio. Su enfoque es más global que local; el detalle importa menos que el conjunto. Estamos ante una de las versiones mejor tocadas de toda la discografía, con una Gewandhaus en estado de gracia. La frenética Coda del Finale, tocada a ese tempo, no está al alcance de cualquier orquesta. Las citas y los diseños estructurales y armónicos tomados de Beethoven (Novena), Schubert (Inacabada) y Wagner (Lohengrin, La Valquiria, Maestros cantores, Tristán), más evidentes en la versión original, constituyen un capítulo aparte de la “ansiedad de la influencia” que obsesiona a Harold Bloom. Las citas wagnerianas son discretas y están perfectamente imbricadas en el material temático. Las sucesivas revisiones no solo se llevaron por delante pasajes enteros de excelente música, como la bellísima cita del motivo del sueño de Brünnhilde de La Valquiria (14:41 del primer movimiento), que aquí podemos oír en todo su esplendor, sino también buena parte de la audacia inicial (la versión original es pródiga en silencios agógicos, por ejemplo), y difuminaron la conexión con el modelo: la Novena de Beethoven, “sinfonía de sinfonías”, también en Re menor.

Quien busque una versión más “interpretada” tiene la excelente grabación de Tintner (Naxos), una de las cimas de su integral, con una orquesta, la Nacional de Escocia, entregada pero inferior. Quien busque la perfección la encontrará aquí.

Miguel Ángel González Barrio

• Contains the original version from 1873 which has been somewhat rarely performed
• The same version was presented to the public at the inauguration concert of Herbert Blomstedt as Gewandhauskapellmeister in 1998
• Known as the “Wagner Symphony” due to several musical quotations from Richard Wagner’s works
and additionally dedicated to the great musician
• Splendid and outstanding performance

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