En 1936 Wilhelm Furtwängler dirigió en Bayreuth -alternándose en el foso con Heinz Tietjen, responsable de la producción y cerebro en la sombra durante la Era Winifred- unas representaciones de Lohengrin que pueden considerarse insuperadas en lo musical. La concentración de voces estelares fue deslumbrante: Franz Völker, el mejor caballero del cisne que jamás ha pisado un escenario, de voz timbrada, squillante en el agudo, expresivo, lírico -un maestro en el uso de la media voz- o heroico cuando conviene; la temperamental Maria Müller, Elsa enamorada y sensible, vocalmente a la altura de su caballero; Margarete Klose, una bruja de cuidado; el noble rey de Josef von Manowarda. Completaban este reparto de ensueño Jaro Prohaska -Telramund- y un joven Herbert Janssen -Heraldo-. Hay que reseñar asimismo que en estas históricas representaciones se recuperó la segunda parte de la narración de Lohengrin, eliminada por indicación de Wagner poco antes del estreno de la obra en Weimar en agosto de 1850. Cuando después de desvelar la respuesta a la pregunta prohibida Lohengrin siguió con "ahora oíd cómo he venido a vosotros", la novedad cogió desprevenidos a casi todos -el hecho no se había anunciado al público-, incluido un incrédulo Hitler que, presente en la sala, y tras un momento de sorpresa, le dedicó a Winifred un gesto de aprobación. Del evento se conservan treinta minutos del tercer acto, que no han tenido demasiada circulación y son tesoro preciado por los seguidores del director berlinés. Concluido el festival, Telefunken registró en el Festspielhaus una selección de cuarenta minutos, pero en esta ocasión los conjuntos estuvieron bajo la dirección de Tietjen. Estos fragmentos, en su mayoría también del tercer acto, han visto varias ediciones -no siempre completas- en compacto, en Teldec Historic y Telefunken Legacy. Los simpáticos bucaneros de la ínsula de Barataria han reunido en este sustancioso disco todos los fragmentos dirigidos por Furtwängler y Tietjen. Alguna ventaja ha de tener el no estar limitado a un único fondo de catálogo. Y es que, ante todo, la buena gente de Archipel entiende y procura satisfacer las necesidades del aficionado de a pie, no las del discófilo impenitente que, emulando a Wotan, está dispuesto a dar un ojo para traer de Japón aquel raro CD de una hora, tan solo por hacerse con esa elusiva grabación de 4'33'' de Cage "interpretada" por Mitropoulos (!).
El "honrado kapellmeister" dirige con algo más que mera competencia, pero inevitablemente lo que en manos de Furtwängler es desenfreno -Preludio III-, fraseo amplio, romántico, atmósfera irreal -música y dúo nupciales-, con Tietjen es más pacífico y a ras de tierra. Es muy interesante comparar las prestaciones de Völker en la toma en vivo y en la de "estudio". En la primera, la despedida de Lohengrin es conmovedora: he aquí un Lohengrin humanizado que a duras penas se sobrepone al dolor de la separación. En la segunda es más heroico y emocionalmente más distante. Para redondear un disco muy bien hecho, se incluye una grabación coetánea del Himno Olímpico de Richard Strauss sobre texto de Robert Lubahn (Völker! Seid des Volkes Gäste), obra de 1934 encargada por el Comité Olímpico Nacional -no por el gobierno-para la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. La idea es excelente, pues por única vez en su historia el Festival de Bayreuth se dio en dos mitades, la primera entre el 19 y el 31 de julio, la segunda del 18 al 31 de agosto. Todo para que los dos eventos más importantes para la reputación del gobierno nazi en el exterior no se hicieran competencia. Los registros de Tietjen siempre han sonado razonablemente bien para la fecha. La sorpresa me la he llevado con los de Furtwängler, que diría suenan mejor que nunca, si bien conviene advertir que los milagros no existen. Un consejo: atrapen este cisne antes de que desaparezca. No se arrepentirán.
Miguel Ángel González Barrio