jueves, 2 sep 2010
  
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SPANISH / MEDIEVAL AND RENAISSANCE ( 1 CD )  

Contrariamente a lo que pudiera parecer, no me considero un "nacionalista" en términos interpretativos, aun cuando reconozco que se trata de un espíritu al que la música antigua debe mucho. Es natural que nos identifiquemos más con las obras de nuestro entorno cultural, pero ello nunca debiera promover en la interpretación un afán "exclusivista". Victoria es un autor suficientemente universal como para eludir este tipo de barreras, y no en vano son los ingleses quien con más frecuencia (y encomiable calidad) han grabado su música. No obstante, estoy convencido que el temperamento propio de cada latitud puede enfatizar en cada repertorio aspectos diferenciadores que no debemos dejar de contemplar. Nuestro Officium trata de recuperar el sonido austero y firme de esta obra, concebida en el corazón mismo de una ya decadente, y todavía rústica, Castilla imperial. Una reflexión funeraria de inapelable contundencia, "como tallada en madera y piedra", que Victoria quiso convertir en su propio testamento musical. ¿Cómo mantenerse impasible ante tan angustiosa y desengañada visión de la muerte?.

Raúl Mallavibarrena



 

ENCHIRIADIS - EN 2006
Officium Defunctorum
Tomás Luis de Victoria
 
Price: 11,95 €
 
Performers

MUSICA FICTA:

CANTUS I: Ruth Rosique, Henar Álvarez (sopranos)
CANTUS II: Raquel Andueza (soprano), Marta Rodrigo (mezzo-soprano)
ALTUS: Jordi Abelló, Luis Badosa (contratenores), Alicia Ramonet (contralto)
TENOR I: Miguel Bernal, Felipe Nieto (tenores)
TENOR II: José Manuel López (tenor), Amadeo Lloris (barítono)
BASSUS: Tomàs Maxé, Ismael González (bajos)
Bárbara Sela (bajón), Ignasi Jordà (órgano)

Raúl Mallavibarrena (director)

Content

Tomás Luis de Victoria (1548-1611):
Officium Defunctorum, 1605

1 Lectio: Taedet animam meam 3:05

Missa pro defunctis
2 Introitus 5:32
3 Kyrie 2:29
4 Graduale 2:59
5 Offertorium 6:02
6 Sanctus - Benedictus 3:11
7 Agnus Dei 2:53
8 Communio 2:38
9 Motectum: Versa est in luctum 3:32
10 Responsorium: Libera me 8:19

11 Vadam et circuibo civitatem 9:22

 1 CD 51:04  DDD

Production information

Grabado en Santa Eufemia de Cozollos (Olmos de Ojeda-Palencia) en agosto de 2002
Toma de sonido y edición digital: Antonio Palomares y Montes
Productores: Jordi Abelló y Raúl Mallavibarrena
Textos y notas en español, inglés y francés

More information

Grabado en su Castilla la Vieja natal (iglesia de Santa Eufemia de Cozollos, Olmos de Ojeda, Palencia), este Officium defunctorum de Tomás Luis de Victoria, aparecido en el sello ENCHIRIADIS, nos produce una alegría especial. Se trata, como es sabido, de una de las obras más excelsas del arte musical de todos los tiempos, y última de las creaciones del insigne maestro abulense. Por otra parte, es el más tardío de los réquiems herederos de la magnífica tradición europea de los siglos XV y XVI al tiempo que el primero en donde atisbamos la caída del mundo modal y la entrada en la tonalidad, en base a cuyo sistema interválico alzará su hermosa catedral sonora el arte musical del Barroco, ese período milagroso iniciado con Monteverdi y agotado por Johann Sebastian Bach. Nuestra alegría proviene además del hecho de que haya sido el grupo Musica Ficta, a cuyo frente se halla Raúl Mallavibarrena, quien ha llevado a término la grabación completa de la obra, con el añadido del imponente motete a 6 voces sobre el Canticum canticorum -Vadam et circuibo civitatem- que Palestrina incluyera en su Liber Quartus de motetes como Surgam et circuibo civitatem. Musica Ficta supera aquí el alto nivel alcanzado en su grabación del Requiem a 5 de Morales en 1998.
El conjunto español utiliza trece voces y dos instrumentistas para conseguir una versión cuya fuerza y calidad puede codearse, casi siempre superándolos, con los grupos similares europeos. Y cuando digo con ventaja me estoy refiriendo a niveles expresivos sobre todo, pero en este caso también hay que referirse, afortunadamente, al nivel técnico de los intérpretes, la profundidad de la lectura y la calidad de la grabación, efectuada en el mes de agosto del presente año.
Las versiones existentes en el mercado discográfico, salvo la ya histórica del cuarteto vocal Tomás Luis de Victoria, reforzado por otros cinco cantantes y sobre la transcripción del P. Samuel Rubio (publicada recientemente por la Caja de Ahorros de Ávila), han sido todas realizadas por coros con mayor número de cantores, como la también histórica de Alberto Blancafort al frente del Coro de Radiotelevisión Española, o la grabada a la Escolanía y Capella de Música de Montserrat bajo la dirección de Ireneu Segarra. Muy reciente es también la de la Coral de San Ignacio de San Sebastián, dirigida por J.M. Unanue. Salvo esta última, no fácil de conseguir, las restantes son prácticamente inencontrables. El resto son versiones extranjeras, algunas de tanto fuste, con coro grande, como la de David Hill y el Westminster Cathedral Choir de Londres; otras, para grupos reducidos, son las de Peter Phillips con Tallis Scholars, Paul McCreesh con el Gabrieli Consort y la muy notable de Philip Cave con el grupo Magnificat. En todo caso, y al ser hoy relativamente fácil la disponibilidad de la partitura, cada vez se cantará más esta obra colosal.
El Officium defunctorum incluye la Misa de Réquiem o de difuntos propiamente dicha (para su elaboración Victoria se sirvió de su Missa pro Defunctis a 4 voces, de 1583, publicada también en 1592 en Roma), el motete Versa est in luctum, sobre los famosos versos de Job (30:31 y 7:16), el responsorio Libera me y la Lectio II ad Matutinum "Taedet animam meam", sobre otro impresionante pasaje de Job (10:1-7). Victoria nos deja una muestra impresionante de sobrio misticismo y respeto a los textos litúrgicos y bíblicos. La escueta declamación de la Leccio II que abre el Officium, nota contra nota y solo a cuatro voces, es realmente sobrecogedora en su desnuda expresividad. Otra cosa es, por ejemplo, la grandeza polifónica del breve Kyrie a 6, al que sigue un Christe con las cuatro voces superiores únicamente, y tan doloroso que ha quedado como paradigma del llanto en la música. El estilo imitativo de Victoria está aquí prefigurando la fuga barroca.
Mallavibarrena utiliza dos sopranos para la voz del cantus I; una soprano y una mezzo para la voz del cantus II; dos contratenores y una contraltopara la voz altus; dos tenores para la voz tenor I; un tenor y un barítono para la voz tenor II; y dos bajos para la voz bassus, reforzada por dos instrumentos, el bajón y el órgano.
Su versión, equilibrada entre lo que propone el autor y lo que han hecho grupos como The Tallis Scholars (él lo explica bien en el texto que acompaña al CD), le permite cantar la obra en el tono original. El resultado es acaso más sombrío, de una gravedad muy acorde con los textos y, por otro lado, menos tensa que la clara y luminosa de los Tallis y por supuesto más dulce y sosegada, pero sin blanduras incoherentes, que la virulenta y atormentada de McCreesh. En resumidas cuentas, Musica Ficta otorga un dramatismo más humano e intenso que otras versiones. Se eleva en el erit justos de la segunda sección del Graduale a regiones celestiales, y la oscura armonía del Offertorium estremece cuando hace referencia a de poenis inferni et de profundo locu. Se ha respetado el Hostias et preces, momento de claro protagonismo del canto llano sobre el que gira la obra toda siempre en la segunda voz, y coincidente en el tiempo con el nacimiento de la monodia florentina. Bastaría comparar la segunda sección del Sanctus con otras grabaciones para darse cuenta de la imponente sonoridad lograda por Musica Ficta en esta versión.
Todos los aficionados saben que el Officium defunctorum está dedicado a la princesa Margarita, hija de la emperatriz María de Austria. Escrito para los funerales de esta última, fallecida el 26 de febrero de 1603, que fueron celebrados en el mes de marzo de aquel año en el monasterio de las Descalzas Reales, se cantó entonces seguramente algún pasaje, pero el estreno tuvo lugar el 21 de abril del mismo 1603 en un funeral organizado por la Compañía de Jesús en su madrileña iglesia de la calle de Toledo.
Cuando se acerca, pues, el cuarto centenario de la inmortal obra del abulense, creador de tanta y tan altísima música hacia la cual, como él mismo dijo, se sentía "arrastrado por la naturaleza como por un secreto instinto e impulso", ninguna conmemoración mejor que la de Musica Ficta al poner a nuestro alcance, meses antes, uno de los tesoros del arte español de todos los tiempos, un tesoro tan grave y tan solemne como el Cristo de Velázquez.

Andrés Ruiz Tarazona

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