jueves, 2 sep 2010
  
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OPERA / ROMANTIC AND NATIONALIST ( 3 CD )  
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GOLDEN MELODRAM - GM 10033
Tannhäuser
Richard Wagner
 
Price: 24,96 €
 
Performers
Jess Thomas, tenor (Tannhäuser) - Leonie Rysanek, soprano (Elisabeth) - Ludmilla Dvorakova, mezzo-soprano (Vénus) - Hermann Prey, barítono (Wolfram) - Martti Talvela, bajo (Landgrave) - Willy Hartmann, tenor (Walther) - Gerd Nienstedt, bajo (Biterolf) - Hermann Winkler, tenor (Heinrich) - Dieter Slembeck, bajo (Reinmar von Zweiter) - Olivera Miljakovic, mezzo-soprano (Un jeune pâtre)
Chor und Orchester der Bayreuther Festspiele
Dirección: Carl Melles
Content
Ópera completa
Grabación: Festival de Bayreuth, 1966
More information

La última producción wielandiana de Tannhäuser, en Bayreuth, tuvo dos formatos: el primero, los años 1961 y 1962, con el escenario muy abierto y la famosa Bacanal a cargo del Ballet del Siglo XX, de Maurice Béjart; el segundo, desde 1964 a 1967, con el escenario delimitado por el ciclorama y una coreografía menos espectacular; pero la producción era en sustancia la misma -concepto, vestuario, color, dirección de escena-, y puede decirse, así, que el nuevo documento de GOLDEN MELODRAM es el tercero aparecido, ya que existe otro registro "privado" (1961) y uno oficial (Philips, 1962).
En 1966 hubo renovación de efectivos. Para suceder a Sawallisch y a Cluytens, se contrató a un prometedor director húngaro de 40 años, Carl Melles, a quien ya había oído yo con la ONE unas estupendas Danzas de Galanta. Pero Melles fue flor de un día en Bayreuth y no cuajó en general, al parecer por un problema de su personalidad en el que no puedo entrar. Este Tannhäuser era, además, su primera ópera, y así las dificultades se le acumularon durante el primer acto después de una obertura -en la versión preparada por Wieland se tocaba completa- entendida más como pieza de concierto que como prólogo instrumental a una representación de ópera. Todo le sonó muy fuerte, poco diferenciado, y si las cosas discurrieron mejor en los actos segundo y tercero, hay que anotar el haber en la cuenta de resultados a los coros de Pitz, los cuales, favorecidos por este segundo formato del dispositivo escénico, contaron con una presencia -nada diré de la afinación- en verdad protagonista. Ellos son lo mejor de este registro, en el que hay también otras cosas buenas y hasta muy buenas.
Asimismo eran nuevos, como Tannhäuser y Venus, Jess Thomas y Ludmilla Dvoráková, ésta sustituyendo a Anja Silja, con quien iba a alternarse en un principio. El tenor americano cantó con frescura, potencia y resistencia; además el timbre era entonces grato; pero el antiguo psicólogo no era capaz de llevar de la teoría a la práctica sus consideraciones sobre el complejo personaje que tan acabadamente había realizado desde 1961 el gran Windgassen: este Tannhäuser nos deja en conjunto un poco indiferentes. Por su parte, la soprano checa se mostró en todo -la presencia, el canto- como una notable Venus. Por el contrario, no eran "nuevos" la Rysanek, Prey y Talvela, aunque sí "recientes". La gran Leonie está inmensa en el segundo acto, que es el gran logro de esta representación. Si ya canta admirablemente la hermosa y radiante aparición de Elisabeth, es en el conjunto de la acción dramática donde impone su arrolladora personalidad: ¡así se domina y se aplaca a una tropa de guerreros dispuesta a aniquilar al blasfemo entre ellos!; sin embargo, el canto es un punto lineal en la plegaria, y la expresión resulta algo afectada, como deliberada: nadie es perfecto. Prey, en sus gloriosos 37 años, canta y dice con la nobleza de los mejores las bellas canciones del minnesänger Wolfram y, además, sostiene con suficiencia la pugna con el desesperado Tannhäuser. Al menos, esta es mi sincera opinión. Pero hace poco más de una semana, un notable Wolfram actual, Eike Wilm Schulte, me comentó en Santa Cruz de Tenerife que a Prey le faltaba el lado dramático del personaje; quizá tenga razón su colega. Quedan aún el buen Walther de Willy Hartmann, el notable Biterolf de Gerd Nienstedt, un todo terreno de Bayreuth durante catorce años, y sobre todo el magno Landgrave de Martti Talvela, lujo de su cuerda por la figura, la voz y la nobilísima expresión a los 31 años de edad.
La muerte de Wieland iba a abatirse sobre el "Nuevo Bayreuth" tres meses después. La decadencia proyectaba una sombra aún pequeña -por el momento extendida ya al foso- sobre la magnificencia de aquel bello Tannhäuser. Entre Urlus y los cantantes de 1966 hay ya sesenta años de distancia. Luego, han transcurrido casi treinta y cinco más de creciente ruina acumulada detrás de la fachada de la técnica y del dinero. Estos documentos meponen alegre y a la vez triste. Alegre, porque son testimonios de la historia, pruebas, información real. Triste, porque vienen a hacer aún más evidente la estupidez del último cuarto de siglo, que se ha complacido y hasta refocilado al hacer de "lo más grande" un horroroso esperpento o una nadería

Ángel-Fernando Mayo

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