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Product details |
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| ROMANTIC AND NATIONALIST / OPERA ( 2 CD ) |
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| GOLDEN MELODRAM - GM 10040 |
| La prohibición de amar |
| Richard Wagner |
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Performers |
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Heinz Imdahl (Friedrich) - Kurt Equiluz (Luzio) - Anton Dermota (Claudio) - Hilde Zadek (Isabella) - Christiane Sorell (Mariana) - Ernst Salzer (Angelo) Chor und Orchester des Österrischen Rundfunks Dirección: Robert Heger |
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Content |
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Ópera completa Grabación: de 1962 |
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More information |
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La prohibición de amar y el Rienzi radiofónicos que ahora reaparecen pertenecen a la primera clase. El registro vienés (1962) de la loca comedia es uno de los tres conocidos, pues recuerdo -debo de tenerle por ahí en alguna casete- otra pieza añosa donde cantaba John Mitchinson. El muniqués de Sawallisch, que comenté in illo tempore dentro de una de mis reseñas diverdianas, El peor de los músicos, es el más importante, pese al fallo de la tenoril ralea, sobre todo porque Hermann Prey hace maravillas como Friedrich, el rígido y reprimido Gobernador teutón de Palermo. Este otro de Heger tiene frente a aquél algunas desventajas, pero también sus virtudes. Vayamos con las primeras. Está considerablemente más cortado, pues Sawallisch da 155 minutos de música y Heger media hora menos; a la eficiente Hilde Zadek le redujeron los riesgos de las coloraturas exigidas a la protagonista, la novicia pero apasionada Isabella (inspirada sin duda en la Leonora de Fidelio); el barítono Heinz Imdahl canta bien y da la parte más sombría y gélida del tenebroso Friedrich, pero, claro está, no es equiparable a Prey cuando al funcionario se le vienen encima los palos del sombrajo, al quedarse a solas con Isabella, y se queda a la intemperie de esa sensualidad que, por haberla sofocado en sí mismo, él quiere ahogar en todo bicho viviente. Turno de las virtudes: la retransmisión, con el calor del público, muy metido en la cosa, está bien hecha; Robert Heger fue durante muchísimos años un kapellmeister acreditado, y aunque el sarcástico Kna le dijo en cierta ocasión: "Si usted no come, no bebe, no fuma, no juega a las cartas y, además, no se interesa por las mujeres, no sé qué hace usted en el mundo". Heger sí hacía en el mundo buena música; aquí la palma se la llevan los tenores, pues Kurt Equiluz da suficiente presencia al disoluto y enamorado Luzio y el gran Dermota, si bien ya algo talludo (52), es un lujo como la víctima de la vesania de Friedrich, esto es, como el débil hermano de la fuerte Isabella, Claudio; el conjunto es francamente bueno, convincente, teatral (Wagner fue un dramaturgo nato), y en él destacan el jefe de los esbirros, Briguella (Ludwig Welter), y la torera Dorella (Harry Staffek), y digo torera porque la avispada ex criada de Isabella lidia al guindilla con la experiencia y destreza que ya habría querido para sí la fugaz Cristina Sánchez.(1) El registro me ha complacido ahora mucho más que en los tiempos de Maricastaña. Además, creo que es conveniente, según lo dicho, que el buen wagneriano tenga en su discoteca dos Prohibiciones en vez de una, y que compruebe en ellas el incipiente uso del leitmotiv y el material que Wagner recuperó después en Tannhäuser. Así, para animar a la parroquia, he autorizado a Diverdi a entregar con el registro de Heger, que trae en alemán lo que en él se canta, mi traducción completa, que pertenece ya de lleno a la época en que me he sentido capaz de hacer estas cosas a conciencia. No puedo hacer lo mismo con Rienzi, aparte de que sobraría media hora, porque la traducción existe ya, pero no está aún repasada en firme.
Ángel-Fernando Mayo |
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