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Product details |
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| OPERA ( 3 CD ) |
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| GOLDEN MELODRAM - GM 10063 |
| Lohengrin (1968) |
| Richard Wagner |
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Performers |
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James King, tenor (Lohengrin) Heather Harper, soprano (Elsa) Karl Ridderbusch, bajo (Le Roi Henri) Donald McIntyre, barítono(Friedrich von Telramund) Ludmila Dvorakova, soprano (Ortrud) Thomas Stewart, barítono (Le Héraut) Coro y Orquesta del Festival de Bayreuth Dirección: Alberto Erede
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Content |
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Richard Wagner (1813-1883)
Lohengrin (1848), ópera romántica en 3 actos. Libreto del compositor Primera representación en el "Grossherzogliches Hoftheater" de Weimar el de 28 agosto de 1850
3 CD : 59:56 - 75:07 - 57:55 |
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Production information |
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ADD - Grabación en vivo del Festival de Bayreuth el 26 julio de 1968 - Notas en inglés. No contiene libreto |
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More information |
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El reencuentro se refiere al Lohengrin bayreuthiano de 1968, que dirigió el "inesperado" Alberto Erede: yo "sí" estuve allí, y puedo hablar así según la experiencia propia. He dicho el "inesperado" Erede. Rudolf Kempe, que había dirigido el año anterior la presentación de la nueva producción de Lohengrin, firmada por el "responsable" único Wolfgang Wagner, decidió no seguir y desapareció definitivamente de Bayreuth . El anuncio de que su sucesor iba a ser el director genovés sorprendió y provocó desconfianza. Sí, el maestro se había hecho un nombre con sus grabaciones con Renata Tebaldi y Mario del Monaco; además, dirigía en Nueva York, en Milán, en París y en Alemania; ¿pero era la batuta adecuada para hacerlo en Bayreuth? La verdad es que la reserva no cedió con el transcurso de las representaciones: Erede no fracasó, pero tampoco triunfó rotundamente. Al escuchar ahora esta "inesperada" edición de aquel Lohengrin por GOLDEN MELODRAM, con buen sonido, me sorprendió el preludio, pues su urgencia suena "caballeresca" e incluso se alcanza con brillantez el clímax al realizar con claridad la casi siempre borrosa escala ascendente -semicorcheas- de los violines. Sin embargo, pronto se advierte que la urgencia es sencillamente celeridad para conseguir mantener la excitación exterior de una velada de ópera: Erede no lo consigue en general en el primer acto, pero sí en el segundo, que fue a gran distancia el mayor logro de este 26 de julio de 1968. Mas basta con catar aquí y allá el registro del año anterior para advertir la diferencia entre este "procedimiento" de director operístico y la inspiración y creatividad del artista que fue Kempe, mucho más atento al fraseo de la cuerda y al color de la madera y del metal. Hubo otros dos cambios importantes. También se fue Kónya y se presentó en su lugar James King, casi de la misma quinta, quien había gustado mucho como el Siegmund del segundo Anillo de Wieland y tenía más prestancia física que su colega húngaro. Después de una titubeante despedida al cisne -el caballo de batalla de todo Lohengrin- cantó siempre con buena técnica y línea más heroica que lírica: aun sin el canto de nuca, la "narración" suena irreprochable; pero, claro, Lohengrin es la criatura más melancólica ideada por Wagner, y Kónya, con su bellísimo timbre, daba como pocos esta imagen del "héroe triste", mientras que el excelente King "venía de la luz". Por otra parte, la no muy personal pero sí musical y competente Grace Hofmann(3) dio paso a la checa Ludmila Dvorakova, físicamente la Ortrud ideal. Ésta tuvo buenos momentos y bordó con McIntyre la tenebrosa escena de la conjura, mas su articulación fue haciéndose ininteligible. ¿Por qué? Muy sencillo. La dama no dominaba el alemán, pues en la ya extinta Checoslovaquia estaba prohibido estrictamente -hablarlo, estudiarlo- el idioma de los teutones(4) . Sí repitieron Ridderbusch, mejor ahora que en 1967 aunque sin deslumbrar, McIntyre, quien tenía hecho el papel de Telramund, sabía el alemán necesario para no hacerse un trabalenguas con la dura e impetuosa prosodia -escena del juicio de Dios- del sombrío conde y se encontraba en una edad estupenda, y la notable soprano irlandesa Heather Harper, magnífica intérprete de Britten, cuya considerable Elsa, estudiada para Bayreuth, no podía compararse con las recreaciones de Grümmer y Rysanek. Thomas Stewart tenía que ser por fuerza un buen Heraldo. Por último, los "pitzianer" eran siempre el lujo de Bayreuth, dirigiera en el foso quien dirigiera. Sorprendentemente fue cortado el pasaje que se extiende entre el final del relato de Lohengrin y la súbita reaparición del cisne. Este tijeretazo era de la cosecha de Wieland, pero no de la de Wolfgang. El breve comentario de la carpetilla atribuye la decisión a James King porque, ante la situación de Checoslovaquia, no interesaba hablar de la libertad de Alemania frente a las hordas del Este. No lo creo yo así. King no tenía capacidad alguna de decisión en estas cosas y novoy a pensar en que era un agente de la CIA con información privilegiada. Con mayor motivo habría habido que pasar la tijera por la perorata y arenga inicial del Rey Enrique, donde se habla de cómo las mujeres y los niños alemanes de la Marca del Este claman contra la "furia húngara". Además, en 1968 presentó Wolfgang sus primeros Maestros cantores, y ya me dirán ustedes lo que la (mala) fama predica sobre la arenga final de Sachs. Ya describí en la "Hoja parroquial" la atmósfera del Festspielhaus el día siguiente al de la entrada del ejército soviético en Praga. Dejemos sin resolver el misterio de este corte en el Lohengrin de 1968 quizá hasta que una edición de años posteriores confirme o no su persistencia.
Ángel Fernando Mayo
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