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Carolin Widmann
Mark Wiggins
Carolin Widmann en Diverdi
Carolin Widmann será la solista en la obra Seven, de Peter Eötvös, en los conciertos que se celebrarán en al Auditorio Nacional de Madrid los días 30 y 31 de octubre y 1 de noviembre.
¿Por qué se desenvuelve usted con tanta naturalidad en el terreno de la música contemporánea?
Siendo mi hermano Jörg un compositor que constantemente me pide que pruebe nuevos efectos sonoros, y con la escucha de músicas de Berio, Nono o Stockhausen como algo habitual durante los almuerzos en mi casa, la distinción artificial entre repertorio “nuevo” y “clásico” es algo que realmente nunca ha existido para mí. Es cierto que a muchas personas les da miedo esta música, por las pocas referencias disponibles: está todavía sin grabar, no la tienes en el oído, no la silbas por la calle... A menudo tengo la impresión de que la música contemporánea es una suerte de hijastra para muchos músicos. La tocan porque deben hacerlo (y el público la escucha porque le obligan a hacerlo), algo que es una pena, porque siempre pienso que esta música es en el fondo mucho más interesante que lo que habitualmente se puede escuchar en las salas de conciertos. Se le podría sacar muchísimo más partido si se le dedicara el tiempo y el interés que se le dedica, por ejemplo, a un concierto de Mozart. Pienso que la nueva música debe ser tomada tan en serio como cualquier otro repertorio.
¿Dónde reside, en su opinión, la fuerza emotiva de Seven, un concierto para violín compuesto por Peter Eötvös como conmemoración del desastre del transbordador Columbia en 2003?
La obra trata de los siete astronautas que murieron en la tragedia, y la primera parte del concierto consiste en diferentes cadencias dedicadas, como si fuesen Réquiems, a estos hombres. La obra también hace referencia al mito de Ícaro: la humanidad trata de sobrepasar los límites, y al intentar llegar demasiado lejos se quema. La tecnología está muy avanzada en nuestros días, y sin embargo estas personas murieron en su nombre. Quizá estemos intentando hacer algo que no tenemos derecho a hacer. La segunda parte de la obra es más una visión general acerca de la idea del transbordador espacial, de lo que significa para los astronautas, y de su fracaso. Dada su intensidad, pienso que las emociones que contiene la pieza deben transmitirse exclusivamente a través de la música: los fenómenos de vuelo, altura, falta de gravedad se describen muy bien en esta obra. Cuanto mayor sea el contenido emocional de una composición, más innecesarios se hacen otros estímulos, y pienso por ejemplo en la Pasión según San Mateo, tan cargada emocionalmente. ¿Tendría algún sentido escenificarla? Pienso que no. Una versión escénica de esta obra necesariamente erraría el mensaje, porque muchas veces lo que dice el texto es ambivalente y depende del oyente la interpretación.
¿Qué es lo que le interesó de las sonatas para violín de Schumann hasta el punto de apartarse por un momento de la música contemporánea y grabarlas en su álbum de debut para ECM?
Para mí, existe un concepto erróneo en torno a la naturaleza romántica de Schumann. Tendemos a pensar que el romanticismo es sinónimo de música dulce, suave y bonita, pero lo cierto es que a menudo es justo lo contrario. Está repleta de fantasías, explosiones violentas, y también de hermosura y dulzura: contiene todos los extremos. Y eso es lo que me interesó. En su ambivalencia, en sus ensoñadores paisajes, en sus violentas y súbitas interrupciones y extremos, este gran poeta es el que me pareció más cercano. Uno no puede quedarse en la superficie con Schumann; no sabemos nada de él. ¿No era un loco que intentó matarse? Sí, pero detrás de esto estaba el hombre que intentaba con determinación ser normal, no estar enfermo ni mental ni físicamente, situación que me trae a la mente la anécdota de Stanislavski preguntando a un estudiante de teatro: “¿Puedes actuar como una persona borracha?” No sabiendo bien qué hacer, el estudiante comienza a tambalearse alrededor del escenario, pero Stanslawski le replica: “No, un borracho no se tambalea, sino que intenta andar recto.” Schumann no está loco, intenta ser normal, y esto es lo que me interesa de él.
¿Qué es lo que tienen en común los cuatro compositores de su próximo álbum?
Para Phantasy of Spring, escogí cuatro sólidas columnas de la modernidad: Zimmermann y Schoenberg, aún anclados en la tradición antigua, y Feldman y Xenakis, que andan por caminos completamente nuevos. Lo que los une es su fuerza de expresión, su capacidad para alcanzar el máximo impacto. En todo el CD no hay ni una nota superflua. Pienso que la combinación de los cuatro es muy atractiva. La pieza de Feldman empieza con gran suavidad, y está tejida con enorme finura (trata de una alfombra…), mientras que la obra de Xenakis termina con una tremenda fuerza natural, irresistible… siempre que escucho a Xenakis siento que todo el poder natural de Grecia viene hacia mí.
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2009 Diverdi, s.l.
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KassKara
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