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el chupito
Enero 2010

Ibermúsica, cuarenta años de conciertos

Juan Ángel Vela del Campo

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Alfonso Aijn

 


Tengo la convicción de que Alfonso Aijón es un hombre bueno. Es muchas más cosas, desde luego, y en él se dan cita desde la tenacidad y la eficacia hasta la generosidad y el altruismo. Virtudes todas ellas que han hecho posible el “milagro” de Ibermúsica: cuarenta años de conciertos en Madrid, con las mejores orquestas y directores del planeta, sin ningún tipo de apoyo público, únicamente con el respaldo incondicional de sus abonados y con la colaboración ocasional de algunos patrocinadores privados más intuitivos que pragmáticos. Aijón es, por si algún lector es demasiado joven y no lo sabe aún, el fundador y alma de Ibermúsica, una empresa privada de organización de conciertos creada en 1970 que se mantiene, contra viento y marea, al socaire de los cambios políticos, con la gran música como única bandera. En un país acostumbrado a los cambios permanentes en las organizaciones culturales, el ejemplo de Ibermúsica es transgresor por sus condiciones de continuidad. Lo excepcional adquiere, por una vez, categoría de normalidad.

Los festejos del 40º aniversario son espectaculares. En este mes de enero ofrecerá dos conciertos la Filarmónica de Nueva York con su nuevo director, el estadounidense Alan Gilbert, con solistas de la categoría del barítono Thomas Hampson y el pianista Yefim Bronfman, y habrá otros dos conciertos de la Sinfónica de Londres, con John Eliot Gardiner, dedicados a Beethoven, con la colaboración de Maria Joao Pires y el coro Monteverdi. En febrero es el turno de la Concertgebouw de Ámsterdam con Mariss Jansons y de la Filarmónica de Berlín con Simon Rattle. Y en los meses próximos pasarán, entre otros, por Madrid los Barenboim, Abbado, Jurowski, Gergiev, Thielemann, o dos de los directores jóvenes de “moda”: el irresistible Yannick Nézet-Séguin y Andris Nelsons, que este año inaugura el Festival de Bayreuth.

Al margen de la actualidad y las celebraciones, las temporadas de Ibermúsica han permitido la consolidación de una cultura sinfónica sólida en la capital de España a base de escuchar, pongamos por caso, a la Filarmónica de Viena con Bernstein, la Filarmónica de Múnich con Celibidache, la Sinfónica de Chicago con Solti o la Filarmónica de Los Ángeles con Giulini, con una variedad de solistas que van desde Ravi Shankar a Plácido Domingo. Ibermúsica se ha erigido, por méritos más que sobrados, en la columna vertebral de la música sinfónica en Madrid y es una referencia a tener en cuenta en otras ciudades. No ha olvidado, por otra parte, Ibermúsica la música más reciente, y aún no siendo su punto fuerte, ha protagonizado estrenos absolutos de Bernaola o Sotelo, y estrenos en España de Adams, Boulez, Carter, Corigliano, Crumb, Feldman, Gubaidulina, Halffter, Part, Penderecki, Previn, Schnittke, Gerhard o Szimanovski, entre otros.

Con todo este bagaje a sus espaldas, qué duda cabe de que la bondad de Alfonso Aijón es más que evidente. De una espiritualidad meditativa, amigo hasta la muerte de sus amigos, hedonista contenido, lúcido, curioso hasta la impertinencia y apasionado de la música orquestal o de la cultura en general, Aijón ha levantado una utopía con el apoyo incondicional de un equipo de trabajo formado exclusivamente por mujeres: Meghan, Marga, Miriam, Liz… El chupito hoy se nos queda insuficiente. Para festejar estos cuarenta años de música en vivo se impone un gran vino blanco de Borgoña.



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© Foto: Ángela Torres Alemán
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